Reflexiones a los 30


Ha pasado un año desde mi ataque de pánico por cumplir años. ¿Ataque no justificado?¿Justificado? Pues cada uno que piense lo que quiera, pero es lo que pasó. Me vi frente a una tarta con esos números que me miraban con cara de pocos amigos empujando hacia atrás esos dulces veintitantos con los que me había encariñado.

Y es que no resulta nada fácil llegar a esta edad después de llevar media vida compartiendo esta con la misma persona. La gente espera cambios, la presión social sobre lo que deberías y no deberías hacer parece acercarse mas y mas a ti hasta invadir tu espacio personal y hace que por un momento dudes si hacer caso o pasar, seguir el “cauce de lo lógico” o seguir construyendo tu propia historia, a tu manera.

Por suerte, he tenido brazos a los que agarrarme con fuerza al agitar la cabeza para ordenar las ideas, gente con mucha paciencia, todo sea dicho, por aguantarme durante este año tan tempestuoso sin salir corriendo.  A ellos, gracias.

Y llega un año más, se acerca ese número que tan mal suena (a partir de ahora cada año sonara peor que el anterior, tengo ese presentimiento), el año de transición entre esos dulces veintitantos y los TREINTA, ese año para acostumbrarte a ese nuevo sonido, en el que no te acostumbras para nada a él, el último año del carnet joven!!! (¿Veis como la sociedad presiona?) se ha pasado casi en un abrir y cerrar de ojos. Y ahora solo me queda decir…

¡¡A por los TREINTA Y…UNO!!

P.D.: Elijo construir mi propia historia.

 

 

 

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